Para las noches que piden intimidad. Un programa más recogido y contemporáneo, pensado para espacios donde el público está cerca.
Misma formación y la misma ambientación de mil velas, pero otra manera de tocar. Funciona en un patio, en un claustro o en una sala noble: sitios donde la primera fila está a tres metros del piano y el silencio entre pieza y pieza forma parte del concierto.
Buena parte del efecto de esta noche está en no saber qué viene después. Lo que sí contamos es el recorrido: por dónde pasa el concierto y en qué orden baja y sube la temperatura.
Las primeras piezas vienen del repertorio religioso más conocido de Occidente. Es el minuto en que el patio se calla del todo.
Después entra la escritura minimalista que ha redefinido el piano en las dos últimas décadas: pocas notas, mucho aire y la sala muy quieta.
Bandas sonoras que casi todo el mundo reconoce aunque no sepa ponerles nombre. Cuerda larga, silencio y una melodía que se queda.
Un intermedio operístico, la única vez en toda la noche en que tres instrumentos suenan como una orquesta pequeña.
Las últimas piezas son canciones que el público se sabe. No hay que animar a nadie: se canta solo.
El repertorio cerrado, con títulos y tiempos para el programa de mano, se envía al ayuntamiento junto con la propuesta.
Plazas, patios grandes y auditorios. Bandas sonoras de cine y grandes canciones, encadenadas sin pausa. Es el programa que funciona con cualquier público.
Espacios recogidos, aforos más cortos y público cerca. Un repertorio contemporáneo, tocado en voz baja.
Díganos fecha y espacio y le respondemos con disponibilidad y presupuesto cerrado.